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XII

La asignación de valores constantes, fijos y estables sólo se justifica desde su carácter eterno o su naturaleza histórica, el mayor rigor e inmovilidad de los primeros no representa una oposición a los segundos, porque en el fondo comparten lo esencial: están dados. Si es la eternidad la que está al mando, el propio conocer puede ser santificado con independencia de lo que se conozca, todo ejercicio de representación será bueno y loable; si la historia toma las riendas, el conocimiento de cada época, verse sobre lo que verse, se tendrá en alta estima y se propondrá como modelo a seguir. La sociedad del conocimiento es el resultado de la desvalorización generalizada del obrar y del mundo, del profundo rechazo al acto de creación, a la puesta en cuestión como actitud básica del valorante. Todo puede y debe ser conocido porque nada vale nada o todo vale lo mismo; con suma diligencia, se desmantela y divide la imagen del pensamiento para organizar el reparto de las representaciones espúreas, los restos del banquete del saber, entre las comunidades planetarias de especialistas, técnicos y diletantes.

VIII

Todo valor increado es un falso valor, inerte, espúreo y sin vigor, no responde a ninguna necesidad ni a ninguna singularidad individual, no ha sido pensado ni sentido, se asemeja a una situación de hecho que hace valer como único derecho su presencia. El problema del valor planteado en términos de rango jerárquico, grado en la escala de mando o posición dominante conduce por necesidad al dogmatismo o al relativismo como formas de nihilismo intercambiable. Las valoraciones no son atributos de las cosas, algo que pueda medirse de acuerdo con patrones preestablecidos de lo que ES y, por tanto, DEBE SER. No pertenecen al campo de las soluciones sino al de los problemas y sólo se mesuran en la puesta en cuestión de lo que es según la medida de representación dictada en cada caso. Si se pretende que el valor sea, inmediatamente pierde todo (el) valor, se desmorona cada vez que se representa y se reconoce, ya que por definición no puede ser. La voz dogmática exigirá uno y no otro, mejor este que aquel; la apreciación relativa, ajena al proceso, preferirá este mismo porque no es mejor que otro. Siempre hay donde elegir cuando la creación se mantiene aparte. Las dos figuras contemplan el sentido como un hecho exterior, una realidad dada previa; la elección en el mercado de valores está a la espera de que se produzca el fallo del tribunal, la obligada decisión arbitraria.