No hay nada más veloz que el pensamiento, ni la luz puede alcanzarlo; antes de de que el más mínimo rayo toque la retina, el pensamiento ya está en otra parte, se ha desplazado, es el desplazamiento del desplazamiento al infinito. El límite que marca la velocidad de la luz sólo afecta a las cosas visibles; las ideas brotan en el intersticio, el hiato de lo sensible, en el intervalo de las luminosidades, cerco invisible de la visión, punto ciego de la retina. La representación, el orden de las representaciones, que subordina el pensamiento al acto útil, productivo y lógico, sancionado por un sentido común vigilante, es de clara inspiración militar, y cada vez más. La velocidad del acto como forma de sabotear el pensar, estratagema de anulación, saturación mental, la necesidad imperiosa de ir cada vez más rápido para no pensar en nada, tiene su origen en las necesidades propias de los ejércitos. Actuar sin pensar, sin cuestionar las órdenes, es la instrucción básica, la directriz que sostiene el conjunto. La velocidad es indispensable para que el pensamiento no ponga en peligro la misión, la ejecución de una acción determinada. No es una acción cualquiera ni una velocidad escogida al azar. El acto debe responder a unas coordenadas repetibles, precisas, que el sentido común debe coordinar, a fin de pasar de uno a otro, en una secuencia previsible, tanto en su desarrollo como en sus resultados. El frenesí, aunque límite al que tiende toda sociedad militarizada, no es la norma; la velocidad no debe impedir ejecutar el mínimo cálculo mental necesario para seguir la pauta instituida. Demasiado lento significa la suspensión del acto; demasiado rápido, la imposibilidad de mantener la coordinación, el atolondramiento, la zozobra, el caos en las filas. Se trata de actos sensatos a velocidades sensatas. La sensatez es la reducción del pensamiento a mínimos, la estricta vigilancia y control, la supervisión de las órdenes a ejecutar, el seguimiento del plan de trabajo. La clave del mecanismo es la falta de tiempo, la ocupación del tiempo, a todas horas, para evitar las distracciones y reducir el pensamiento a un mero uso instrumental, subordinado a la cadena de actuación. Cumplir órdenes es siempre pensar sin pensar en otra cosa. Lo vemos cada día. La mayor de las distracciones está concebida para evitar la distracción.
Mostrando entradas con la etiqueta pensamiento. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta pensamiento. Mostrar todas las entradas
IV
En las reservas de animales salvajes, cada vez más en desuso, organizadas a modo de safari ficticio por una naturaleza más mal que bien reconstruida, siempre hay un operario con una barra, a la salida del recinto de los primates, que asusta y expulsa con vehemencia a los que han descubierto, sobre todo los mandriles, que la mejor forma de escapar de su cautiverio, la única escapatoria, es salir montados en los coches. A pesar de que lo intentan, ninguno lo consigue; pero en desagravio y como muestra de descontento, se orinan en los parabrisas. En otro lugar, a las puertas de una institución de prestigio, un cartel bien visible en las transparentes puertas de cristal, enmarcadas en un conjunto arquitectónico sofisticado, transmite un mensaje que sirve de recuerdo, recomendación e instrucción a ejecutar: "ASEGÚRESE DE CERRAR BIEN LA PUERTA. NO FACILITE LA SALIDA A NINGUNA PERSONA (PUEDE SER UN RESIDENTE)". El cristal no se resquebraja, los cimientos no tiemblan, no pasa nada; la normalidad es un eufemismo real, una manera neutra y violenta de anunciar, por si alguien no lo sabía, que estamos en un centro de internamiento y que los residentes, esto es, los ancianos, son prisioneros de por vida, la que les queda, de una IDEA, de la idea de otro(s) sobre los tiempos y los espacios de (la) existencia. La imagen del pensamiento que se traiciona a sí misma y se convierte en pesadilla. A modo de compensación, triunfo póstumo de los que ahí esperan, aguardan su final, aquellos que cruzan el umbral de una lado a otro, y se encuentran con residentes implorando por salir, algún día, no muy lejano, tanto visitantes como empleados, también contemplarán el mundo tras muros de cristal límpido. Todavía no lo saben, pero están viendo SU futuro, la cárcel en filigrana del pensamiento que les aguarda.
Etiquetas:
anciano,
centro de internamiento,
idea,
imagen del pensamiento,
pensamiento,
prisionero,
reserva,
residente,
salida
0
El PENSAMIENTO que se piensa a sí mismo como OTRO, piensa el pensar bajo la acción de un impensable inherente a su propia naturaleza, adentro como pliegue del interior y afuera como despliege del exterior, doble espiral de la idea límite y la cosa insondable. La frágil interioridad, llena de reflejos dorados, no es más que el resultado del proceso laborioso, lleno de peligros, de explorar una exterioridad tan radiante como oscura.
Etiquetas:
cosa,
exterior,
idea,
impensable,
interior,
otro,
pensamiento